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LA GASTRONOMÍA EN LA ANTIGUA ROMA

Actualizado: 17 de sep de 2019


Por todos es conocida la importancia que adquirió la ciudad de Ulia tras la derrota de Pompeyo por las tropas de Cesar. De esta antigua ciudad conocemos su moneda, sus esculturas, inscripciones y todos aquellos restos que han ido apareciendo y que nos muestran como vivían y como eran los habitantes que poblaron estas tierras durante la dominación romana.

Un aspecto muy particular de la cultura romana era su gastronomía. Dos son los autores que han dejado constancia de las tradiciones culinarias de este periodo, Marco Gavio Apicio autor del libro de recetas “De re coquinaria libri decem”, que es una de las pocas obras completas en latín conocidas hoy en día, y que describe recetas sobre la gastronomía romana y Petronio en su “Satiricón” que ofrece una visión muy peculiar de la vida y costumbres de la época.

En cualquier civilización el arte culinario muestra una característica muy importante de su cultura, de su forma de vivir y de pensar. Estudiando y analizando todos los aspectos de la vida privada podemos aprender más sobre nuestros antepasados y el legado que han dejado en nuestra cultura occidental.

La cultura romana y su gastronomía es el resultado de la conjunción de otras culturas como la etrusca, la fenicia y sobre todo la griega. Fue a principios del siglo II a.C. cuando los romanos entraron en Asia Menor y descubrieron el refinamiento de las cortes griegas de Oriente. A partir de este momento, la preparación de las comidas, según Tito Livio, se hizo larga y costosa. Los servicios de los cocineros, trabajo hasta entonces desempeñado por esclavos, se comenzaron a pagar muy caros. Es ahora cuando se empiezan a utilizar los triclinios, el triclinio era el comedor de lujo de la casa romana. Estaba formado por tres lechos formando los tres lados de un cuadrilátero, quedando libre el cuarto para poder servir las esquisiteses a los comensales.

Hasta el siglo II a.C. la cocina romana se basaba en alimentos básicos: el pulmentum o papilla de mijo, cebada o guisantes, el queso de leche de oveja, la carne de cordero hervida, la col, las habas, las frutas, etc. Tres eran las comidas que hacían normalmente, el ientaculum (desayuno) que consistía en pan untado con ajo y algún condimento. En las familias acomodadas se acompañaba de queso, miel, leche y frutos secos y frutas. En el prandium (almuerzo) se tomaban las sobras de la cena del día anterior fría o recalentada. La principal comida del día era la cena que comenzaba a media tarde y entre los patricios se prolongaba durante horas. Durante las cenas se meditaba sobre temas transcendentales, se ofrecían regalos, libaciones a los dioses lares, se debatía de temas filosóficos, se recitaban versos, se cantaba, eran pequeñas fiestas.

Las cenas constaban de entrantes a base de huevos, ensaladas, verduras, aceitunas, champiñones y moluscos. La cena propiamente dicha se componía de varios platos cuyos ingredientes principales eran diferentes tipos de pescados, cordero, aves, cabrito, jabalí o cerdo. El postre consistía en frutos secos y repostería. Tras el postre comenzaba la sobremesa durante la cual se bebía en abundancia. Los romanos no bebían mientras comían, pues consideraban que el sabor dejado por el vino desvirtuaba los diferentes paladares para los platos de la cena, por lo que su consumo se posponía hasta llegados los postres o finalizados éstos, cuando estaban saturados de comida y llegaba la hora distendida de las largas conversaciones El vino era la bebida por excelencia entre los patricios, para los plebeyos estaba la cerveza y para las mujeres estaba el “passes” un vino dulce elaborado con pasas. Cuentan Polibio y Plinio que para comprobar que la mujer no había bebido tenía que pasar aprueba del beso “ius osculi”que consistía en besar a los padres y a los suegros para cerciorarse de que no había bebido, ya que la mujer que así lo hacía dejaba de ser decente e integra.

Finalmente, para todos aquellos que quieran disfrutar con los sabores que lo hacían nuestros antepasados, que les guste innovar en la cocina y sorprender a sus comensales pueden servirse del libro anteriormente citado de Marco Gavio Apicio y seguro que lo consiguen.



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